Feliz día de la Mujer.

Feliz día a la que cocina, a la que friega, a la que limpia, a la que plancha,… en general, a todas las que hacen algo para satisfacer a un hombre. A la hermana, a la hija o a la novia. A las que no sois nada por vuestro simple nombre. Feliz día en un 8 de marzo más en el que se sigue solapando que si no hacéis todas las acciones que se esperan de vosotras, acabaréis maltratadas (física o psicológicamente) o acabaréis desechadas. Al resto de mujeres, no miréis, que hoy no es vuestro día, joder.

He empezado el “día de la mujer” tan dulcemente que tenía que escribir mi felicidad. Ah, es irónico. Es que a lo mejor no se estaba entendiendo.

Estoy desayunando en una cafetería, como todos los días, no sólo porque hoy es mi día y me merezco un premio, como un perrito. Pues eso, me hallo mezclando el cola cao cuando en la tele aparece el videoclip de Rihanna “Work”. Para los que no hayáis visto este videoclip, se ve a la diva cantando delante de una cámara mientras baila. No, no hace una coreografía digna de Cirque du Soleil, solamente menea las caderas al ritmo de la música. El caso es que esta canción la canta con Drake, con el cual, también se pone a bailar. BIEN. Pues resulta que al lado mío, había dos machos MUY machos, comentando el videoclip. ¡OH sí! En el pecho llevaban una chapa de “críticos de música de Lolipolandia”. Bueno, pues Rihanna esta mañana se ha llevado tales… ¿Cómo decirlo? Tales descripciones hacia lo que crea con su movimiento de cuerpo, que yo en su lugar estaría vomitando tres días seguidos. Y ahora, tú que serás otra persona crítica de Lolipolandia, dirás “venga, Sara, que a todas las mujeres os gusta que os digan lo buenas que estáis”.

  1. Sal de aquí ahora mismo
  2. Eso no era decirle a una mujer lo buena que está. Ojalá fuera solamente decirle lo buena que está.
  3. ¿QUÉ COJONES SABES TÚ LO QUE LE GUSTA A CADA UNA DE LAS MUJERES QUE TE CRUZAS POR LA CALLE?

A mí me gusta desayunar pepinillos, y a otra chica le gusta desayunar una tostada de jamón con tomate, y a otra sólo le gusta tomar café. Y creo que lo que todas tenemos en común, es que no nos gusta PARA NADA, sentirnos acosadas por una persona desconocida, que encima está pensando que lo que está haciendo está bien.

Pero de verdad que, continuando con mi relato, lo más innecesario de todo esto ha sido que, ante mi cara de asco, repudio, o yo no sé como tendría la cara en ese momento que he parado hasta de darle vueltas al cola cao, los dos críticos de música de Lolipolandia me miran y empiezan a reírse seguido de “¿A que sí? Si es que hay que ver, que uno no es de piedra. Si yo fuera el negro…”. Si es que, qué ¿gilipollas?

En la burbuja donde yo vivo cuando no tengo que relacionarme con personas críticas de Lolipolandia (tengo que decir personas porque, a pesar de todas las cosas que imaginéis muchos, hay mujeres que también son machistas. Sí, me he encontrado con un par de ellas en mi vida y es bastante bastante bastante desagradable. Hasta el punto que me han dado ganas de meter la cabeza en su boca para buscar al demonio que la posee), soy bastante feliz. Porque en mi entorno tengo personas que me valoran por lo que pienso, por lo que hago y por lo que consigo. Ahí no soy una mujer, soy una persona igual a otra. Una persona que si tuviera que cocinar algo, más vale que la casa tuviera seguro antincendios. Una persona que no distingue mucho el amoniaco de la lejía. Una persona que si le coges el día inspirado, le salen unas magdalenas que te mueres. Una persona que no sufre ningún tipo de sexismo.

Pero cuando salgo de esa burbuja, soy una mujer. A la que le tiene que gustar que le digan piropos, porque si no soy una asquerosa. A la que se le atribuyen necesariamente la sabiduría de cuatro platos de cocina. A la que, si responde bien una pregunta de cualquier ámbito relacionado con el conocimiento, es una sorpresa porque ¡oh, sabe pensar! A la que soy una frígida si contesto con frialdad a una frase coqueta solamente para que no acabes pensando que necesariamente quiero algo contigo. A la que solamente llegará a donde esta o donde va a estar por ser la mujer relacionada con algún hombre de poder. A la que se le respetará SIEMPRE Y CUANDO sea la hija de tu gran amigo, la hermana de tu conocido o la mujer de ese tío.

La verdad es que no sé cómo más sacarme todas estas ideas de la cabeza, pero de verdad que esto tiene que parar. Tiene que llegar a un punto en el que todo va a explotar, porque las personas piensan, no sólo unas por tener pene y otras por tener vagina (fue lo máximo que me enseñaron de educación sexual en el colegio, y me he dado cuenta que quince años después, se sigue explicando exactamente lo mismo).

Cada vez que pienso en el día de la mujer, necesariamente se me viene a la cabeza el suceso del 25 de marzo de 1911. Esas mismas mujeres, fuertes, que fueron asesinadas por reclamar lo que tiene derecho a tener cualquier persona que piense, mueren de nuevo cada día cada vez que se menosprecia alguna mujer, que se la maltrata exigiéndole algo que no tienes derecho a exigir.

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La otra mejilla no existe.

La de veces que me he podido repetir a mí misma, presa de un convencionalismo que ni siquiera me convence, de que la solución para avanzar en la vida es olvidar y perdonar. “Es la única manera de seguir adelante, Sara, no puedes vivir toda tu vida con rencor en las entrañas”. Ni siquiera sé de donde me saco eso, porque no soy católica, ni apostólica, ni budista, ni me refugio en ninguna fe que haga que el final de los días de mi vida vaya a ser más llevadero sólo por no haber odiado y haber dejado que me den por donde amargan los pepinos mientras tanto.

Normalmente, lo veo más como una forma de serenación. Una especia de paz contigo misma que no tiene sentido. Alguien te las ha hecho pasar canutas en tu vida, ha hecho que te sientas miserable como nunca pensaste que lo serías, incluso ha hecho que cambie tu forma de ser, que ahora seas una persona distinta. Pero no como una bella metamorfosis de gusano de seda a mariposa, sino como algo correoso y oscuro. Como un cambio de piel típico de una serpiente.  Y ahora, cuando en tu vida vuelve a haber luz, vuelve a parecer que controlas lo que hay en ella, tienes que perdonar para seguir adelante. ¡Oh, claro! Saluda con la mano a esa persona, habla de cosas triviales, incluso aunque esa persona te siga pareciendo despreciable. Aunque la veas, y no veas el tema de conversación que estas teniendo. Sólo veas en tu cabeza el momento en que tú te desgañitabas, te morías y te removías buscando una salida de toda esa desgracia. Cuando pensabas que no era un acto involuntario de esa persona que tu estuvieses en la miseria. Tú estabas ahí porque a esa persona no sólo no le importaba, sino que además contribuía. Ya fueras cercano, lejano o medio conocido de esa persona, hizo el infierno en tu vida. Y se supone, esto aún más grave, que ni siquiera le importabas. Algo muy gore.

Por eso, brevemente, entre las brumas de mi odio y mi rencor infinito, he llegado a una preciosa conclusión. Hay personas por las que merece la pena poner la otra mejilla. Sí, porque, aunque suene a que tienes que sublevarte a esa persona, convertirte en una escoria a su lado y arrastrarte para estar a la altura, no es así. Con esas personas, no te sentirás arrastrado, sino acompasado. No te sentirás acosado, sino valorado. Y claro está, no te sentirás sublevado, sino desafiado. Pero no te imagines un duelo con pistolas al amanecer, sino como algo que llama a tu inteligencia a que se mueva. A que diga “EH”, y se encienda una bombillita calurosa en el cerebro y pienses que esa persona es una revelación. Te está haciendo pensar, no te está haciendo sentir imbécil. Que si lo está haciendo, vuelve al segundo párrafo, porque hay una gran diferencia entre que te desafíen y que te insulten, no vayamos a confundir ahora términos que nos metemos en un bucle sin salida.

No sé, perdones u odies, que sepas que no estás en la obligación de perdonar para seguir adelante, ni de odiar para quedarte atrás. Hay veces que los sentimientos viscerales son difíciles de controlar, y hasta el día en que no te das cuenta de que estás completamente indiferente ante esa situación, no comprenderás que ha pasado. QUE HA PASADO, no que has perdonado. Pero mientras tanto, que no te obliguen a perdonar, ni a poner la otra mejilla por otra persona que seguramente volvería a hacerte daño. Por lo menos, QUE NO TE OBLIGUEN. Que para algo tus puñeteros sentimientos son tuyos y tienes que convivir tú solito con ellos las veinticuatro horas del día.

Deshumanización.

Estoy en un punto de mi vida en el que la humanidad ni me sorprende, ni me agrada. Simplemente me decepciona. Acumulo la repulsa hacia la manera de vivir que tienen algunas miserables criaturas en este mundo. Oféndete si quieres, simplemente me da igual.

Voy a empezar con un ejemplo conocido, para que no te parezca lejano de lo que hablo. Vas a una playa, y después de enterrar tu querida colilla en la arena, decides darte un chapuzón porque se te ha calentado la piel. De paso, aprovechas para dejarte el envoltorio de comida y tu lata de refresco ahí, en la arena, como si no fuera tuya, como si hubiera llegado ella sola a ensuciar el entorno. Cuando llegas a la orilla, empiezas a meterte en el agua y ¡oh! Qué ven tus ojos. Una cría de delfín que ha venido a parar a la arena, seguramente confusa o seguramente presa de su curiosidad. Su, en ese mismo momento, mortal curiosidad. Esa cría, que no tiene conciencia de quién es ese ser humano, que a algunos de sus parientes ha conseguido poner, en contra de su voluntad, a hacer piruetas en algún que otro zoo, para diversión de su persona, no se aleja. ¿Por qué debería de hacerlo? Tampoco sabe lo que le espera.

Pero, este humano, que sabe que si sacas a un pez del agua se muere, que sabe que si disparas a un ser vivo probablemente lo mates, (cuanto menos le haces daño), que sabe que si no riegas una planta, se morirá, y que sabe un millón de cosas necesarias para la supervivencia de algunos seres vivos, decide que lo mejor para ese animal es, sacarlo del mar y hacerle fotos. Sí, en un primer lugar, se le ocurre lo único que podrá matar a ese animal. LO ÚNICO. Y aún sabiendo que cuanto más alargue ese momento de agonía, seguramente el delfín morirá, prefiere dejar que el delfín rule de mano en mano y de cámara en cámara. ¿A quién cojones le importa que muera? Joder, voy a tener una grandiosa foto.

Otro ejemplo que también he conocido hace poco, es de la caza de jabalíes debido a que están “invadiendo” algunas zonas habitadas por humanos. Están entrando en “sus jardínes” y bueno, como por lo que se ve, un jabalí puede matar a toda tu familia, despedazarla y colgarla en las paredes de su casa, lo mejor es eliminarlo. Y cuanto antes. Mejor no dejar que se te acerque. ¡Es más! Voy a coger esta escopeta, la cual utilizo todas las semanas para ir a cazar, aunque mi familia está sobrealimentada y sobre todo, protegida, para ir a acechar a estos malditos jabalíes. ¡Eh, bicho, estás invadiendo mi espacio! ¡Por que este mundo es mío, Dios me lo ha regalado a mí, me ha puesto en este mundo para gobernarlo, explotarlo y sodomizarlo!

¡GILIPOLLAS!

Tengo que agradecer que me enterase de este caso, debido a que una familia había creado en medio del monte un refugio, en los límites de su casa, para proteger a estos animales. Venga, rayito de esperanza. Pero se disipará enseguida, no te preocupes.

Voy a poner una reflexión, que en el caso de que quieras cambiar tu forma de tratar el mundo y no destrozarlo, sino vivir en él, te vendrá bien. Verás, al igual que ese pájaro que vuela, ese pez que nada y esa vaca que come esa hierba, tú también vas a morir. Partiendo de esta base, tu manera de tratar el mundo, no sólo te definirá como persona, sino que definirá a la persona que venga detrás de ti. Este mundo, no es para ti. Este mundo es la casa que te han prestado tus omnipresentes padres para vivir ahí, sin que tengas que pagar alquiler, pero claro está, cuidándola y respetándola como si estuvieras pagando mensualmente una cantidad desorbitada que ni todos los préstamos del mundo podrían hacer que anulase tu deuda.

Si vas por la vida, pegando animales por el simple hecho de divertirte, matando animales solo por pasar el tiempo, apartándote de una persona solo por su condición racial, disfrutando de la violencia, el morbo y la depravación, seguramente consideres que te va a ir muy bien en la vida. Pero diré, que es una vida que no se puede permitir. No puedes dejar que todo eso ocurra ante tus ojos, sin que hagas nada. Es imposible. Es una cosa que toda persona lógica entiende. Es un caso de acción-reacción. Vas a tener una respuesta a tu comportamiento. No puedes ir por la calle, con tu bolsillo lleno de papeles para tirarla en la próxima basura, y ver que delante de ti una persona está maltratando a otra, y no reaccionar.

Claro que, buscando la solución a este problema se me está yendo toda la esperanza. Ni medidas estrictas de justicia, ni ojo por ojo. NADA. Una vez me dijeron, supongo que para animarme y motivarme, que la solución a algunos de estos problemas, podría ser la concienciación y la sabiduría. Pero, lamentablemente en mi  día a día y en mi vida, veo que eso es una farsa. No es real. Si no, no habría ninguna persona que se hubiese puesto a favor de que un torero cogiera a su hija en brazos e hiciese el irresponsable con ella cogida (algunos lo llaman torear); y no habría ninguna persona que hubiese visto mal que una mujer que tiene que alimentar a su hija cada tres horas, se sacase el pecho en su lugar de trabajo y la alimentase.

Pues eso, no veo ningún motivo para tener esperanza por el ser humano. Yo me deshumanizo aquí y ahora.

Egoístas.

Me ha explotado así, como una idea en la mente y tengo que plasmarlo. Así es que desde un móvil aquí estoy, exprimiendo mi cerebro por todo aquello que quiero expresar.

En este tiempo que corre, de frío en el aire y de ardor en el pecho, está sucediéndose una deshumanización tremenda. No, no estoy escribiendo esto por los atentados y las guerras, las encubiertas y las no tan discretas, que están pasando. Así es que si estabas buscando eso, hacerte arder aún más tu pecho, para de leer y vete a algún periódico nacionalista, que seguro encuentras sustento para mantener tu hoguera interior.

Estoy escuchando tantísimas frases, y “ohdiosmios” que solo me queda pensar… ¡Cuantisima hipocresía tiene la gente!
Es decir ¿de verdad? ¿Os sorprende todo eso? Entonces, tenéis que flipar con que cuando aporreáis un avispero, las avispas vuelan hacia vosotros, o no sé cómo funciona vuestra mecánica. Dos de cada tres conversaciones de media que puedes tener al día, son para quejarte, maldecir a alguien, arremeter contra otro, malmeter y malpensar. Seamos claros, somos unos putos egoístas. Me voy a incluir que también soy humana. Aunque algo que me diferencia del resto es que para mí esto no es un orgullo, es una ofensa de las graves, un arrepentimiento de los peores. Si en mi pequeño universo creo caos, creo dolor, en el universo de los que mandan, de los que dirigien, esto es una bomba nuclear del tamaño Apocalipsis.

Es que tengo tantísimos ejemplos.
¿Cómo puedes decir que “cómo el mundo puede estar en guerra”? ¿Acaso tú estás en paz? 
Si miras a tu alrededor, probablemente todo este imbuido de maldad, de odio, de resentimiento. Si no eres tú, es el de al lado, que decide joderte tu paz contigo mismo y tú ideal de ir con una sonrisa por la vida.

Amor entre personas… Pero si nisiquiera somos capaces de amarnos entre familia. Llega ahora la Navidad y debemos estar contentos, porque vamos a reunirnos con la familia. Esa familia a la cual le importas más bien poco durante el año y ahora deben de importarte mucho durante estas fiestas porque ¡oh, por favor, vas a corromper el espíritu navideño! 
Mi familia es esa con la que me siento a comer cada día, con la que lloro y río día tras día, y en la que me apoyo para seguir. Y la que también me aguanta y me escucha, o por lo menos se interesa por intentar escuchar, que tratándose de mí, os aseguro que ya es mucho.

La vida nos da una oportunidad de empezar en el mundo, aunque no conozcas a nadie, porque acabas de llegar, acabas de nacer. Y sin darte cuenta, ya viene en tu “pack de bienvenida” un montón de relaciones malignas, un montón de contactos desagregados solamente por pertenecer a donde perteneces.
– Eh, tú, ¿quiénes son tus padres?
+ Marta y Leo.
– Pues fuera de aquí, no queremos saber nada de esa gentuza.

Y así con todo. La verdad, no me siento orgullosa del mundo qe se está viniendo abajo, pero no por lo reciente, sino por lo que se viene fraguando desde hace tanto tiempo que yo ni siquiera era una idea. Y tú ahora preguntas “¿Y qué quieres que hagamos? Esto es así”.
No joder, ni es así ni deja de serlo. No te digo que vayas a poner una flor en la punta de la metralleta de alguien, te digo que sonrías. Que cuando vayas a decir un comentario racista, xenófobo o iriente, pienses en los dos lados, respira hondo y luego con calma y con las cosas bien pensadas, hables. Que parece que no, pero el pensamiento de una persona, por muy insignificante que parezca, puede crear una cola eterna de piezas de dominó que se caen hacia un abismo insalvable. Y joder, si encima ni piensas que la cosa va contigo, ¿por qué cojones tienes que soltar un comentario que solo avive esa puñetera hoguera que va a acabar por arrasar todo lo bueno de la vida?

Viva la vida.

Hoy me gustaría hablar de algo maravilloso y cruel: la vida.

La vida, últimamente, se está convirtiendo en algo difícil de aguantar. Guerras, muertes, mutilaciones, pobreza, paro, Rajoy… Pero, después de todo, esto NO OS TOCA DE CERCA, como pensáis mucho. Así es que vamos a ampliar con los dos deditos en la pantalla de vuestra vida rutinaria.

Día tras día, violaciones hacia vuestra vida íntima. Antes, la comunicación era algo necesario. Tu padre se iba a la otra punta del país, o del mundo, a trabajar, y ¡eras capaz de comunicarte con él! Lo que conseguías con un aparato tan pequeño (en ese entonces era un cacharro imponente, pero era más cómodo que llevarte el “teléfono rojo” fijo). Tu novi@ se iba a estudiar fuera de tu ciudad y ¡oh! podías hablarle todos los días por ese aparatito.

Pero, tengo que comunicaros, se nos ha ido de las manos. Me voy a incluir, sí. ¿Por qué no? A mí también se me ha ido de las manos más allá de mi límite. Pero, como de lo que va la vida es de hablar de aquello ajeno, voy a decir que a algunos no es que se os haya ido de las manos, es que ya ni siquiera lo tenéis agarrado. Sí, esta medianamente bien el “estoy comiendo una hamburguesa doble SIN QUESO con Agapito Puertos Correa” o el “Lo más bonito de mi vida *adjunto foto de mi perro que me quiere mucho*”. Pero, joder… ¿Declaraciones a otra persona por red social? ¿Grabar en primera persona esa pedida de mano? ¿Documentar como a un perro le dan una paliza brutal? Joder, son cosas que no es que te salgan de ojo, ¡es que dan ganas de que te los arranques!

Seguramente estés leyendo esto gracias a una red social, y dirás “Uy, pero será hipócrita”. Obviamente tengo que contestarte que no te estás enterando de la mitad de la historia. En mi vida, he vivido millones de momentos sin documentarlo, y cuando lo estaba contando, he obtenido la respuesta de “a ver enséñame fotos” y a mí me han entrado ganas de arrancarme la retina y decir “ahí tienes mis recuerdos”. Con lo impresionante que es vivir el momento más romántico de tu vida, y que cuando lo recuerdes no digas “JO, tenía que haberle hecho una foto para acordarme”, sino que sonrías porque en tu memoria lo rememoras una y otra vez.

OJO, que no estoy diciendo que no hagáis fotos de vuestro viaje a China, o de cuando vais a tomaros una cerveza con algún amigo. Yo tengo en mi mente el convencimiento de que algún día voy a estar falta de memoria y me gustaría tener algo a lo que aferrarme para recordar. Y, aún recuerdo el momento en el que las fotos se usaban para hacerle un regalo alguien en plan “Albúm de los recuerdos”, y no por FARDAR de tu vida social. Qué guay eres diciendole te quiero a tu hermano en una foto dedicada cuando no cruzáis más de dos palabras lógicas en la vida real.

Pero, en serio. ¿Qué me decís de las declaraciones? ¡PUF! Las de amor y a la cara son lo más bello que he sentido, porque es que se sienten, no se escuchan ni se leen. Que veis por ahí historias empalagosas grabadas y decís “ais, yo quiero una relación así”. ¿Así cómo? ¿Pública? ¿Totalmente comentable? Que depravación. Si por algo tiene tanto éxito los reallity shows, porque lo es que vuestra vida, os gusta usarla poco. Pero la de los demás, la desgastáis hasta el hueso.

Pero incluso las declaraciones de un amigo o un familiar. Tú imagínate a tu abuela, que en vez de decirte a la cara “estoy orgullosa de ti, has conseguido muchas cosas con tu propio esfuerzo” mirándote con esos ojos acuosos y esa sonrisa de dentadura postiza, te pusiera en una red social “Orgullosa de mi nieta, es muy lista y ha conseguido un montón de cosas en su vida *adjunto foto de cuando mi nieta era un bebé rugoso*”. Oh, sí, 54 me gustas y 34 comentarios. ¡Qué ilusión! ¡Qué alegría! ¡Qué se note la ironía! ¡Me emociono aquí delante de la pantalla en vez de dándole un abrazo! No vamos a hablar de esas declaraciones taaaaaaaaan bonitas que hacéis cuando esa persona ni siquiera tiene una red social en la que verlo. “Es que yo luego se lo enseño”. ¡VENGA A OTRA CON ESA MENTIRA!

Y bueno, he dejado por último el tema de la brutalidad animal porque esa es otra cuestión que me ronda la cabeza hace muchísimo tiempo y se merece otra entrada. Pero para empezar, os diré, que subir fotos de un animal perdido y que necesita ayuda a mí no me ha servido de una mierda. Nadie me ayudó, nadie le dio cobijo al animal, y nadie me indicó cómo tenía que hacerlo para que ese animal dejara de temblar de frío en la calle, porque cuando no tienes casa propia, la explicación de “pues quedatelo tú”, no sirve de nada. Me quedé perdida, fue la peor noche de mi vida y encima me sentí culpable porque algún gilipollas/hijo de la grandísima pena, no había tenido ni de cerca el sentimiento que yo estaba experimentando. Ni siquiera le dejaron un sitio donde dormir esa noche, o toda su vida. Miraron hacia otro lado y dijeron “estamos a tope y no podemos hacer nada”. Porque os diré, si lo queréis escuchar, que todavía no he encontrado a nadie en esto del abandono animal que haya querido ayudarme y que sea sin ánimo de lucro. Por eso, yo ya no busco ayuda en nadie, porque nadie ayuda. Y supongo que sí, que sirve de mucho que yo, que soy una persona a la que los animales le importan más que algunas personas, vea que a un perro lo han descuartizado y lo han quemado vivo. Pero yo aún no le he encontrado la utilidad. Yo ya estoy concienciazada. YO no soy el problema.

Y voy a cerrar con esta estupenda frase, para que puedas regresar a tu paraíso artifial: “Lo mejor está en lo que nadie ve, en lo que nadie sabe”.

Soledad.

Nacemos, vivimos y morimos solos. Y aun así, tenemos miedo a la soledad. La cual, te sigue y acompaña siempre, aunque tú ni siquiera se lo pidas.

La soledad jamás te dejará en ridículo, ni se reirá de ti, ni te hará llorar, ni te hará sentirte incómoda o insegura. Jamás te decepcionará. Jamás te hundirá por algo que le haya ocurrido en su vida, o en su día. No apoyará todo su peso aplastante sobre ti, ni te hará responsable de no estar a la altura porque no estabas preparado para ese golpe. Tampoco hará de ti un ser infeliz, vagando por un mundo infeliz, en un día infeliz y con unas ideas infelices. Tampoco te gritará, no, de eso nada; de hecho, ni siquiera te hablará, ni se enfadará contigo, ni discutirá. Tampoco te creará dependencia, a ella jamás tendrás que recurrir para sentirte bien y que te haga sentir mal por su respuesta. No necesitarás que te diga guapa por las mañanas porque, de hecho, no esperarás nada de ella.

Pero. La soledad no te abrazará. No te amará. No te acariciará la cara, ni te hará sentir que eres importante, que eres especial. Que entre todas las personas que habitan el mundo, tú tienes ese algo. Ese algo que vuelve loco a alguien, que hace que pierda la cabeza y le de igual su norte o su sur, su este o su oeste, porque tú eres todos los puntos cardinales juntos. De hecho, la soledad tampoco te reconfortará. No hará que estés cinco minutos con ella y que todo cambie, que las ganas de llorar que tenías hace unos segundos, se te desparramen en un llanto feliz, de esos que te hinchan de aire y te hacen explotar. La soledad no te rozará y te hará sentir que pierdes la cabeza, que es aquí y ahora, y no un segundo después. La soledad no te dará calor, no te hará tener un objetivo común, porque la soledad no tiene objetivos. No te hará querer crecer como persona. Ni siquiera rebatirá contigo las ideas que tienes en la alocada cabeza, porque le dará igual. A la soledad le da igual que tú estés bien, o mal, o haciendo el pino, o en lo alto de una azotea mirando tus horas pasar. Le da igual como veas ese atardecer mágico, no querrá ni siquiera compartir ese momento, y hacer de ello uno de los recuerdos más hermosos de tu vida. O cómo te emociones con esa película, ni querrá entender qué es lo que estás sintiendo dentro para que seas capaz de llorar porque estés viendo la película más ingenua y boba de todas. Le da igual que bailes con esa canción, no querrá siquiera acompañarte, ni cogerte de las manos, ni hacer una coreografía de felicidad improvisada. No le importará que se te caiga la comida en el regazo por ser una pava. Le dará igual, no te hará recordar tampoco ese momento. No querrá compartir contigo aficiones, o por lo menos, interesarse por tus gustos, porque ella no tendrá aficiones ni gustos. No querrá hacer de tus fantasías la realidad más palpable. Ni siquiera intentará poner el sol a tus pies, o darte un beso en lo alto de la Torre Eiffel. Ni te prometerá recorrer contigo el mundo, hacerlo pequeño para que podáis viajar juntos. No te hará creer que has encontrado a alguien tan hecho a tu medida, que hasta da miedo. La soledad no hará de un día insignificante, uno de los mejores días del año. No se reirá contigo recordando, porque no tendrás recuerdos con ella.

A la soledad, sinceramente, se la suda todo. Pero a él no. A esa persona, que te mira, que te hace sentir grande, que te congela el tiempo, te para con solo una mirada tu día de mierda, que te abraza y hace que sientas calor hasta en el alma. Que se desvive por ti, que está pensando en qué plan te hará feliz, y al que su mundo se le desmorona si no consigue hacerte sonreír. Al que intenta, una y mil veces, redirigir vuestro camino, que cambies tu pesimismo por realismo. A esa persona que hace que te des cuenta de que sí, que estoy enamorada. Que hace mucho tiempo que no echo de menos a Soledad. Y que me ha hecho pensar que probablemente, nunca vuelva a echarla de menos.

Confusión.


Es difícil escribir cuando estás confusa, así es que una parte de este texto va a quedar bastante incomprensible. Por no decir que quedará todo entero.

Muchas veces nos autoconvencemos de que lo que tenemos, la persona que está a nuestro lado, es la correcta. Esto va más allá de sexismo, de gilipolleces como que las mujeres son de una manera de amar y los hombres de otra. Esto va dirigido a todas las personas. A todas aquellas que se embarcan en el amor.

Como iba diciendo, el autoconvencimiento siempre nos salva de esas molestas preguntas internas. “¿Me gusta de verdad?”, “¿Es lo que quiero, ahora, mañana y siempre?”, “¿No deberían sus ojos ser lo único que aparezcan en mis pensamientos, día y noche?”. Solamente tienes que dejar que el piloto automático te controle, te guíe, y tú disfruta del viaje. El problema de hacer todo esto, es que, lo quieras o no, estés preparado o no, se acaba. Llega la realidad. Porque la realidad siempre llega. Es como cuando te sientes inmortal y crees que nunca morirás. Te has librado de un accidente casi mortal, ¡vivirás siempre! Has esquivado una viga de una obra que justo ha caído donde tú estabas hace un segundo, ¡vas a vivir siempre! Pero no. La verdad es que algún día llegarás a ser polvo. Bien incinerado y metido en un bote bastante elegantemente diseñado, o bien polvo en la boca de algún gusano que decidía pasar por tu tumba en ese momento. Tampoco te vayas a deprimir, después de todo, tú ya no estarás ahí para enterarte.

Pero me estoy desviando excesivamente del tema. Demasiadas divagaciones. A lo que voy es que yo nunca me he considerado una persona dejada al autoconvencimiento. Siempre me he sentido una persona que tomaba las decisiones que quería. Sí, es cierto que tienes que jugar con las cartas que te reparten. Pero, no me he sentido presionada, y si en algún momento de mi vida ha sido así, he dado media vuelta y me he ido, porque vivir condicionada es la peor vida que puedes tener. Sin ofender a las vidas de mierda. Pero elegir por propia voluntad, una vida que no quieres, porque es lo CÓMODO, es lo FÁCIL, es muy triste. Es decir, una persona que NO TE GUSTA, que JAMÁS TE HABRÍAS PLANTEADO DE COMPARTIR TU VIDA CON ÉL/ELLA, y ahí estás, mirándola a los ojos y pensando que es todo para ti.

Aunque para mí, es fácil siempre escuchar el amor. No el pensamiento de que estás enamorado, sino el de verdad. Esa persona que te habla todo el día de esa persona, puede, pero la mejor, es esa persona que la ves y dices “joder, mÍrala, ha encontrado el amor”. A lo mejor no lo es, a lo mejor no es el amor que todos creemos conocer, pero para esa persona lo es. Para esa persona ilumina el mundo y hace que la Tierra gire, y eso es precioso. Sólo te dice dos palabras de su amor, y sabes que lo siente de verdad. Que es real, que su despertar será a lo mejor más amargo que para el resto, o por lo menos mucho más duro, pero habrá vivido tan nítidamente que a lo mejor no despierta nunca, y convierte su sueño en su realidad de cada día.

La pregunta que  tienes que hacerle ahora a tu cerebro aletargado es ¿lo sientes? ¿Miras a esa persona, la miras de verdad, y crees que hace rotar tu vida, ponerla en movimiento? Aparte de todo lo sexual que te produzca (que si no te produce nada de nada, vamos un poquito mal), ¿tienes ganas de mirarle a los ojos y ver tu futuro extenderse entre ellos? Sí, joder, si te hace sentir todas esas cosas que te parecen que te escupan a la cara caramelo líquido, chuches y todas las cosas dulces varias que tanto agradan al que está enamorado y tanto molestan a los amargados sin amor y sin valor para encontrarlo. Porque sino es así, sino sientes nada de nada de nada, deja de sentir miedo y busca. O no busques, espera. Pero deja de vivir condicionado, que es lo más feo.

Y sí, es una entrada de mierda para un día de mierda. Un día triste de mierda.

El cansancio.

Esta idea se me apareció en la mente con una frase. Una critica, diría. Como casi todo lo que te hace pensar, que parece que viene de los más insignificante y en el momento más absurdo, pero luego te martillea la cabeza a costa de que le des forma.

Vino cuando, hablando sobre ningún tema en particular, salió la pregunta de “¿No te cansas de estar tanto tiempo con alguien?”. Indiferentemente de si soy de defender la monogamia a la diversidad, la relación duradera al rollete de cada sábado, diré que esta pregunta fue una patada a mis instintos más profundos. CANSARME. ¿Por qué cansarme? ¿Por qué no usar la palabra “acostumbrarme”, que casi que me da más miedo? “Oye, ¿no te has acostumbrado ya a estar con él? ¿No has llegado a ese punto de acostumbrarte, que te da igual como te vea? ¿Te da igual lo que piense de ti o el daño que puedas causarle, porque ya se ha ACOSTUMBRADO a ti y a tus manías?”. No confundamos costumbre con comodidad, por favor.

Durante muchos años en mi vida, esa pregunta se me ha repetido en diferentes ámbitos. Si no me cansaba de leer siempre el mismo libro cuando me sentía inspirada, aunque ya estuviese más que requeteusado y el autor o autora ya hubiera sacado otros libros más dignos de leer; que sino me he cansado de esa camiseta que me trae suerte o me hace sentir cómoda; o sino me he cansado de ver todas las mañanas el sol por el mismo ángulo. Es una pregunta que, sinceramente, se las dejo a las personas cansadas. Sí, esas personas, que ni se atreven ni te dejan atreverte. Eh, ¿no estás cansado siempre de no intentar averiguar por qué la gente no se cansa? No, claro, es mucho más fácil decir “Uy, mira este, que siempre va con los mismos ideales y parece que no se cansa”. Os diré que para mí, es más difícil mantenerte firme ante todos los acontecimientos de mi vida que ir girando siempre en ninguna dirección. Pero difícil para mí no es sinónimo de imposible; que sí lo es el que algo fácil me parezca aburrido.

Sinceramente, y lo digo ahora, el cansancio es para cobardes. Esas personas que no pueden con más, que siempre se agobian con facilidad y siempre quieren rendirse. No me estoy refiriendo a esas personas que llegan al límite, o que lo rozan, y dicen “Ya. Hasta aquí hemos llegado”. NO. Me refiero a esas personas que ni siquiera rozan el límite con la punta de los dedos. Esas que se rinden y te fuerzan a rendirte.

En la vida, incluso día a día, puedes ver múltiples ejemplos. Tienes el “dejó el trabajo porque ya estaba cansado de él”. También tienes el “se tomó todo ese bote de pastillas porque estaba cansada de la vida”. Y otro que podría ser “dejó de ir a manifestaciones porque se cansaba de que no se lograse nada con ellas”.

¿Por qué cansarse? ¿Por qué no renovarse? Si en una persona lo encuentras todo ¿por qué ibas a echar en falta algo? Y si en otra no lo encuentras ¿por qué no intentar encontrarlo antes de dejarlo?

Obviamente ahora puedes pensar que te estoy criticando porque has abandonado proyectos en tu vida porque no te llenaban. No me estoy refiriendo a eso ni de lejos. Todos, me incluyo, hemos dejado en el camino cosas por hacer, cosas que no te llenaban. Y ahí es donde quiero llegar. Es muy diferente cansar, a no llenar. El cansar es el no intentarlo hasta el final aún por mucho que te gustase. Es el no me merezco esto, sin pensar en que puede merecértelo llegado al final. Discutes con alguien y sí, te parecerá que te faltan fuerzas para seguir con la discusión o luchar porque alguien entre en razón y te entienda. Que es mucho trabajo y que tampoco merece tanto la pena esa persona. ¿De verdad? Entonces, ¿por qué lo sigues pensando? ¿Por qué darle vueltas si sabes desde un principio que no te merece la pena? Ahí está el cansancio. El dejarlo cuando los músculos te arden, cuando la cabeza te va a estallar o los pulmones te van cediendo a la asfixia.

Para el cansancio, el descanso, no la deserción. Para el estar cansado del trabajo, el descanso y luego la reincorporación. Y para todos los momentos de la vida igual. Llega un punto en el que rozas tu límite, y si en todo abandonas, la vida ni siquiera llegará a resultarte útil.

Y por supuesto, si lo tuyo es el cansancio, hazte el cansado también al abrir la boca y opinar, porque una persona cansada ni siquiera debería darle vueltas a la cabeza. No es de persona cansada el entender todos los puntos de vista, sino criticarlos. Porque el cansado es aquel que no tiene fuerzas para vivir la vida, ni para seguir adelante con ella, pero sí para poder acabar con la tuya y que te haga sentir que tus esfuerzos son todos una mentira.

Comencemos.

Lo tenía que hacer. Llevo deseando escribir un blog desde que abandoné mi idea de estudiar Periodismo o algo que me acerque más a mi querida vida de ser de letras. Así es que allá voy.

Para empezar, lo haré con algo flojito y a lo que le llevo dando vueltas bastantes meses. Os contaré una historia. Una vez, fui a comer con dos personas más. Pedimos mesa y tuvimos que esperar. Los tres teníamos el mismo tiempo de espera, como es normal, y el mismo apetito, relativamente.

Cuando finalmente nos sentamos, pedimos un filete con patatas, en las mismas condiciones, más allá de las preferencias de “poco hecho”, “muy hecho” o “al punto” de cada uno. Para mi un “muy hecho”, ya que preguntas.

Por suerte, nuestra comida llegó al mismo tiempo. Nada de faltar al respeto con esas preguntas de espero o no espero cuando te estás muriendo de hambre. Así es que nos pusimos manos a la obra. Y en este momento del relato, es cuando voy a detener el tiempo, porque fue en ese momento cuando me di cuenta de esta analogía. Observando a mi alrededor, me fijo que cada uno de nosotros cortaba el filete de diferente manera.

Por mi parte, yo cortaba el filete, seguidamente pinchaba y a la boca directamente. La persona de mi izquierda prefería cortar todo el filete y luego comerlos una vez partidos. Y la persona de mi derecha cortó el filete en cuatro, y luego en partes más pequeñas a medida que iba comiendo. Algo muy simple, pero mi mente fue más allá del gesto rutinario y casi involuntario de cortar un filete.

Podía decirse que mi manera de cortar el filete era más como, lo tengo aquí delante, no aguanto más, y quiero saborearlo conforme voy cortando. La de la persona de mi izquierda para mí era aguantar esa hambre canina que te entra al tener comida delante, partir todos los trozos para tu mayor comodidad e ir comiendo después, con tu ansia más calmada. Y el de mi derecha, era totalmente cuadriculada. Totalmente premeditada, pensada y esquematizada. Tengo cuatro trozos, de ellos muchos más y de los otros que saldrán más.

En toda crítica, todos tienen su propia opinión, por supuesto. Pero, ¿por qué decir yo cuál estaba mejor o peor? ¿Si la mía era más acertada o la del tipo de la mesa de al lado, con su ensalada sin aderezar y su vaso de agua?

En la vida pasa igual. La manera de cortar el filete es sólo una suposición, como todo. Tú crees que tu manera es correcta. Lo correcto o lo incorrecto corre desde tu perspectiva, pero desde de la de otra persona, hay otra perspectiva. Y así pueden existir infinitas perspectivas. Lo mejor de todo esto, y es totalmente mi opinión, es dejar que otras perspectivas te confundan, te hagan replantearte tus ideas. Y que si tus ideales salen ganando de esa batalla interna, se acaben volviendo más fuerte. Y si salen perdiendo, aún más, porque es lo más bello descubrir que no eres la única mente pensante. Eso sí, que la perspectiva que te invite a pensar no lo haga entrando a lo bestia, de tal manera que rompa todos tus esquemas y casi tu cerebro de paso. Porque ya sabéis eso de “tu libertad acaba justo donde empieza la mía”. Así es que el único consejo es que comáis mucho filete y disfrutéis de que otro lo pueda hacer contigo independientemente de que lo corte con cuchara o con cúter.